La inteligencia artificial ya no es un proyecto de innovación. En 2026, la IA ha llegado a la mayoría de las organizaciones, al menos sobre el papel. Los proyectos piloto, las pruebas de concepto y las primeras aplicaciones productivas están muy extendidos. Sin embargo, está surgiendo una clara división en el mercado: algunas organizaciones —las llamadas empresas «pioneras»— están logrando un impacto empresarial cuantificable y escalable. Otras siguen luchando con casos de uso aislados, una gobernanza poco clara y un retorno de la inversión decepcionante. Por lo tanto, la pregunta clave ya no es si las empresas están usando la IA, sino por qué tantos proyectos de IA nunca dan el salto a las operaciones productivas.
Se acabó la época de la experimentación. Los directores generales esperan ahora que la IA ofrezca resultados que repercutan directamente en los KPI empresariales, como el crecimiento, la reducción del riesgo y el tiempo de comercialización. IDC prevé que, para 2026, el 70 % de las empresas del EMEA1000 exigirán una prueba clara de valor antes de aprobar nuevas inversiones en IA, dando prioridad a los casos de uso que ofrezcan un impacto más allá de la eficiencia, impulsando el crecimiento y reforzando la resiliencia empresarial. 1 Además, el 51 % de los directores ejecutivos espera lograr un crecimiento de los ingresos mediante la aplicación de la IA en 2026, y el 77 % de los directores de sistemas de información encuestados afirmó que ampliar la IA es una prioridad para 2026.2 Como resultado, aumenta la presión sobre los responsables de la toma de decisiones para que expliquen el retorno de la inversión de la IA.